La abubilla que quería cruzar el cristal

Claramente querer no es poder.

La secuoya es uno de los árboles más longevos del mundo, puede vivir 4000 años. Hasta hoy no lo he sabido. Estaba delante nuestro jugando al corro con cedros, abetos, magnolias, pinos y hasta palmeras. Mi hermano Javi –gran amante de las plantas desde que era un niño- me dice que aquí hay más de quinientos árboles distintos. Huele el aire a esencias naturales, se oye el piar de los pájaros y en las ramas más altas –esas que casi no te permiten ver el cielo- aves exóticas de colores saltan de rama en rama. A lo lejos pueden escucharse los gritos guerreros de banderizos de la Edad Media. En esta tarde invernal hemos venido al castillo de Butrón. La niebla, como una organza fina, envuelve los muros y los torreones. El paisaje es tan abrumadoramente hermoso que parece el escenario de una película medieval, y resulta que es real. No estamos en Hollywood ni en Disneylandia, no es un castillo bávaro ni nos encontramos en la orilla de Loire. Butrón está en el municipio de Gatica, cerca de Sopelana y Munguía. Nos separan 12 km. de Bilbao. Un sueño.

En este entorno sería feliz la abubilla de esta mañana. Usted dirá ¿qué pinta ahora un pájaro con nombre tan raro? Quizás se ha olvidado que aprendió la letra A con A de abubilla. Mi hermano cuando vio por primera vez un ave con ese nombre, empezó a gritar feliz “¡abubilla, abubilla!” Fue encontrarse con la verdad. La abubilla existía, como el castillo de Butrón. Pero verá, esta es otra historia.

La piscina de Portugalete está acristala. Parece que todos estamos metidos en una urna trasparente. Como los cristales están limpios, vemos el monte Serantes, la Escuela de Náutica y se siente la cercanía de la ría. Esta mañana se ha posado en la barandilla de fuera una abubilla preciosa. Las plumas blancas y negras brillaban al darles unos débiles rayos de sol invernal. La abubilla miraba quieta al interior de la piscina. A esa hora los bañistas –la mayoría somos mayores- nadamos despacio disfrutando cada brazada sin prisa. La abubilla nos miraba y sin más, ha querido venir hacia nosotros y se ha dado un cabezazo con el cristal. Sorprendida, no asustada, ha vuelto a posarse en la barandilla mirándonos, y, por segunda vez, se ha lanzado contra el cristal. Así, cinco veces. A los gorriones no les pasan estos accidentes porque saben desde hace tiempo que no pueden llegar a nosotros –ya se han dado muchos coscorrones- y siguen su camino en paz, pero la abubilla no. Es nueva en nuestro paisaje cotidiano. Le ha costado volar perezosa al cielo, desilusionada porque no había podido atravesar el cristal. En los árboles milenarios de Butrón podía haber volado hasta la copa más alta, mucho más lejos que la torre del homenaje. La abubilla despistada que se ha acercado hasta el muelle, nunca podrá cruzar la barrera del cristal para llegar a dónde quería.

Querer tener, querer llegar, querer… Querer es poder. Ese contínuo mantra que nos hace creer que todo es posible. Querer es poder. ¡No! Querer a veces se puede, otras es imposible. Por mucho que soñamos con la lotería, ese cambio radical que nos permita traspasar el muro sin darnos un cabezazo, no es posible. No es posible para la mayoría que jugamos. Es el más recurrente de nuestros sueños. Películas que duran unos días o unas horas. Si tuviera… viajes, regalos, nuevo armario. Si tuviera… La verdad es que no deseamos grandes cosas ni grandes cambios vitales. La normalidad, un poco más ligera, es suficiente para ser feliz. Mi hermano Pablo, todos los viernes es feliz porque juega al Cuponazo y, mientras llega la hora del sorteo, hace una lista de deseos. Durante todo el día –es verdad, no una broma- está con la sonrisa puesta. Y… pues la semana que viene. Lleva cinco años jugando al mismo número. ¿Conseguiría la felicidad si su cupón es el ganador?

La felicidad, para un político, me imagino que será verse aplaudido por la multitud. Esa sonrisa suficiente puede ser la viva imagen de la felicidad. ¿Son felices Mariano Rajoy, Pablo Iglesias…? Señor, Mariano Rajoy ha vuelto a mi cabeza, entra en las teclas de mi ordenador y casi escribe solo porque su nombre me inspira. Cada día me sorprende más su imbatibilidad, los escándalos y que las corrupciones más denigrantes de su partido pasen sin rozarle. Es el Iván el Terrible de la política, su coraza de guerrero es tan resistente que nada le afecta, su cara sin expresión permanece inmutable. Y, además, no se da un tortazo como la abubilla. Puede ser que vea todos los muros trasparentes o que se lance y rompa los cristales a golpetazos con su dura cabeza de gallego de toda la vida. Pase lo que pase, sigue adelante. Una magia. Sus contradicciones espectaculares, cada día se le critican –pero sentados en un sofá viendo la tele- y luego… ¡Qué quieren que les diga! Luego hace lo que le da la gana, sale airoso, sin decir nada o diciendo auténticas bobadas. Es capaz de pararse en la respuesta de una pregunta en un debate y seguir hablando de pájaros y flores, sin que se le muevan las gafas. Bueno las gafas sí suben y bajan según la intensidad de la mentira –siempre muy medida- que va a decir. “Esto es así porque no puede ser de otra forma”. Les juro que, como lo escribo, se lo he oído decir textual.

Quiero pensar que no es consciente de su lapsus (¿?). Aunque, dicen que los gallegos dan muchas vueltas para decir lo que quieren y llegar al camino que buscan, aunque den muchas vueltas. Para los demás, la memoria se cansa, porque el cerebro envejece. Usted, y yo y el señor que pasa por la acera de enfrente, sabe qué quiere, pero a veces no sabe lo que ve. Si sabe, pero no lo recuerda. Seguro que le pasa esa ráfaga de tiempo –segundos, minutos, horas- en que se olvida de una palabra. Puede transcurrir un día entero intentando encontrar la palabra, un nombre o un apellido. Lo vemos en el aire pero nos faltan las letras. Yo no me acordaba del nombre del pájaro que tenía delante. Y después de verle dándose tortazos, he caído, como mi hermano Javi, ¡abubilla!

En política nos pasa lo mismo, sabemos lo que queremos y nunca lo logramos. Claramente querer no es poder.

Ya ha empezado el invierno y faltaba el perejil en nuestro último plato del año. Difícil que su nombre no ocupara la primera página de los periódicos. Al fin este hombre –humilde dónde los haya- ha anunciado que deja la Presidencia de honor del Partido Popular. Era imposible no dar la pataleta este caballero, el más orgulloso y soberbio de los que han presidido el país. Antonio Machado aseguraba que “todo necio confunde valor y precio”, y Scott FitzGerald “enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”. Aznar, Aznar, Aznar… la vida es más que el yo y, además, la tragedia la has escrito tú. Recordar tu sonrisa sibilina produce dolor de estómago.

En estas fechas decimos lo mismo: ¡Felices Pascua y Próspero Año Nuevo! Nuestra voluntad es desear ese todo que engloba cinco palabras. De verdad, queremos que sea así, y, a pesar de ser un tópico, nos gusta repetírselo a todos nuestro amigos y conocidos con sinceridad.

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