Los modelos de nuestra vida

El tiempo es caprichoso y decide lo que le da la gana, porque nadie manda en sus deseos.

Pues verán, estoy obsesionada con la belleza. La belleza que veo en la publicidad y nunca puedo alcanzar. Es la edad. La edad mía y la suya y la del señor que pasea por la calle. No se puede tener eternamente 18 años, y los modelos que nos proponen tienen exactamente esa edad que se quedó en el baúl de los recuerdos. Sin nostalgia, pero pasó. Y sin embargo, cuando vemos en una publicación una cara bonita y con una crema al lado, inmediatamente pensamos en comprar ese prodigio que nos va a proporcionar esa tez deslumbrante. En la siguiente página encontramos una mujer escultural que nos promete su tipo con un bálsamo contra la celulitis que en 15 días hace efecto. Firme propuesta de compra. Tres páginas después es una máscara que nos convertirá las pestañas en prodigios de largura espectacular gracias a un nuevo rímel mágico. Miramos sobrecogidas los ojos de la modelo y vemos, realmente sorprendidas, que sus ojos parecen estar rodeados por una selva profunda y sedosa de pestañas como tupidas patas de araña. Seguimos con la misma revista y nos proponen una elixir que borra instantáneamente las manchas de la cara y prepara el rostro para un maquillaje perfecto. Otra compra. Después de cinco páginas más, un suero que hace desaparecer el cansancio convirtiendo el final del día en el más prometedor amanecer después de una agotadora jornada de trabajo. Al llegar a la página quince aparecen unas deslumbrantes curvas que se consiguen sin problemas tomando unas capsulas a base de plantas del Amazonas que hacen desaparecer los michelines en unos días. Y, además, de noche. Las sofisticadas píldoras adelgazantes actuarán mientras usted duerme, sin necesidad de sufrir –no hace falta ir al gimnasio, ni dejar de comer- porque funcionarán ellas solitas y le disolverán la grasa. Los perfumes, es todo un problema. Con unas gotas de un frasco rojo tienes al momento la alegría de vivir; con otro de color ámbar, el embrujo de la India; con el siguiente azul, te sentirás mujer seductora; con otro transparente, envuelta en la magia del atardecer. No sabes por cual decidirte mientras ves que la mujer envidiable que anuncia ese prodigio va como una burbuja de champán envuelta en oro y tirando sus prendas de vestir para quedarse solo con una gota de esencia. Otra beldad está subida a un coche abrazando a un caballero maravilloso en una calle de Nueva York, una tercera sale, como una sirena, de un lago deslumbrante envuelta en el frescor del agua.

Por supuesto, no sólo las damas sufrimos estos arrebatos consumistas. Los caballeros tendrán su virilidad a tope con un perfume seductor que embruja al instante a la mujer que se le acerque; con otra colonia se abrirán las puertas de las habitaciones a su paso; y con una loción dejará su piel después del afeitado como la de un niño. Y los coches… Usted puede ser irresistible si tiene una marca determinada. Nada más verle pasar, la más espectacular diosa se arrojará a sus pies para poder sentarse a su lado. Por supuesto, en este tema las señoras no somos objeto erótico, nunca somos las compradoras de esas máquinas de lujo, propias de caballeros dispuestos a deslumbrar. Las damas acompañamos los sueños; no somos las creadoras de sueño, sólo provocadoras disfrutadoras. Me olvidaba que los bancos también nos aportan felicidad y cuidan de nosotros porque conocen nuestros problemas. Y, los seguros: Muy importante, los seguros hacen que todo sea como vivir dentro de una pompa dorada.

 

Esa realidad cotidiana

Después de haberse preparado con este arsenal de belleza, comprobará desolada que su piel no llegará al color bronce de las modelos que se pasean por playas caribeñas (para su consuelo, estas jóvenes, con un media de edad de 18 años, previamente han sido maquilladas de color canela, han tenido un peluquero para que les mantenga la melena al viento con un ventilador detrás y después el photoshop hace algún que otro arreglo mas).

Aunque elija como sitio de vacaciones el lugar más de moda del mundo mundial, no se reirá tanto como los artistas de cine que aparecen deslumbrantes con sus niños al hombro y con sus bebés sonrosados mirando al objetivo. En el recuento de nuestras fotos se nos verá felices, pero con los niños al rededor dando guerra. Seguro que guardamos la instantánea, porque el paisaje es divino pero nosotros estamos fatal. Una pega: No hemos tenido cien fotos para seleccionar una que sea impecable, que es la que saldrá en la prensa del corazón.

La publicidad nos hace felices, creemos sus mensajes y asentimos confiados en que alguna vez sea verdad lo que dicen. Íntimamente sabemos que la joven que anuncia los adelgazantes nunca ha necesitado dieta porque ha salido hace unos días de la adolescencia. Las pestañas infinitas se las han puesto postizas para el anuncio. Las modelos tiene la talla 34 porque dejan el uniforme del colegio para enfundarse en deliciosos vestiditos que nunca entrarán en nuestro armario, porque en los probadores difícilmente llega el modelito hasta el lugar de la cintura sin romper costuras.

Nuestra vida es cotidiana. Casa, familia trabajo. TV, futbol, libros, cotilleos del corazón y moda. Historias, ajenas a nosotros, que nos liberan amorosamente del día a día que no tiene que ser monótono sino normal y feliz en su vulgaridad.

La realidad es así, y, a veces, puede darnos la sorpresa de un día de sol inesperado, tres números en la Primitiva, el reintegro en la ONCE y buenas notas en los exámenes finales de hijos y nietos Hay un dicho en la India –se recoge en la deliciosa película “El exótico hotel Marigold”- que dice :”Al final, todo va bien. Por lo tanto, si no va todo bien, es que todavía no es el final”.

Y es bonito tener dispuesta para la ocasión nuestra mejor cara de sorpresa. ¿Se imaginan qué debe de ser volver a tener sol, sentir la piel quemada y ponernos una camiseta de tirantes? Un sueño. Y dicen que en junio –un mes que parte por la mitad el calendario- empieza el verano, aunque, aseguran los refranes, que hasta el cuarenta de mayo no podemos quitarnos la ropa de invierno. Felizmente en la primavera no hemos guardado los chubasqueros, los abrigos y las botas.

Y lo peor es que no podemos echar la culpa a la crisis.

El tiempo es caprichoso y decide lo que le da la gana, porque nadie manda en sus deseos. Al fin, el tiempo es ese ente totalmente libre que nos toma el pelo. Se ríe de nosotros con un calendario ficticio que oscila como quiere sin tener que dar cuentas de lo escrito. Otoño, invierno, primavera y verano. Nosotros este año hemos cambiado el orden a la fuerza. Otoño –unos días- invierno… ¡a saber! aún no ha terminado. Dicen que existe, o existirá, el verano en Euskadi. Hay un chiste que circula por la red que asegura que este termino -“Verano en Euskadi”- no se ha encontrado en google: “Busque en Canarias”. Al final hay que ahorrar todo el año para poder irse siete días a una playa de Lanzarote. ¡Qué cruz, Señor!

Aunque cruz y narcisismo, el de José María Aznar, es perfecto. Critica a sus antecesores y a sus seguidores, pone en tela de juicio a su compañero y Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. No tiene problema de imagen –con bigote o sin bigote queda divino-, es el mejor y se lo dice a sí mismo, no necesita photoshop y, además, le entrevistan y vemos inmóviles todos sus disparates. Lo único que se nos ocurre es ¡qué sinvergüenza! Y la vida sigue.

Nunca pasa nada. Y si pasa, también está Alfonso Guerra para solucionarlo.

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