Tal como éramos

Dicen que hay un placer en la locura que sólo el loco conoce.

Había una anécdota que circulaba por las redacciones de los periódicos:

“-Por dónde ha entrado usted? –preguntó cierto personaje inaccesible-

– Por la puerta.

– ¿Sabe usted que no se puede pasar?

– He pasado.

– ¿Quién es usted?

– Un periodista.

Así era José María Portell. Un periodista que no tenía miedo a nada, porque él mismo decía:

– “Nunca pasa nada”

– ¿…? –me quedaba en silencio.

– Y sí pasa qué.

Y sí pasó.

Días antes mi padre le dijo que se cuidara, y José Mari le respondió:

– Mi querido suegro ¿cómo puedes hablar de vivir en paz? ¿Nos tomas el pelo? Un periodista en el País Vasco no puede vivir en paz.

Mi marido murió asesinado el 28 de junio de 1978. Hoy hace 39 años. En su memoria La Asociación de Periodistas Vascos-Colegio Vasco de Periodistas anualmente concede el Premio Libertad de Expresión, al periodista que haya destacado por defenderla. También los antiguos alumnos de los Salesianos –José Mari estudió el bachiller en los salesianos- celebran el Concurso Literario José María Portell. En este año ha alcanzado la XIII edición. Los dos certámenes tienen carácter internacional y han sido dos grandes muestras de cariño. Siempre me emociono al entregar los premios, quizás porque aún siento el olor a pólvora. Y las lágrimas vuelven a mis ojos al ver la cara de Ortega Lara veinte años después de su secuestro.

Los recuerdos iluminan el

fondo de mi mente.

 La llovizna empaña los

recuerdos

 De cómo éramos.

La película Tal como éramos es un reflejo de lo que ocurrió después. Otras historias que, como todas las historias, terminan como quieren. He vivido los recuerdos repetidos:

Fotografías esparcidas de

las sonrisas que dejamos

atrás.

Sonrisas que nos dimos uno

al otro

Por cómo éramos.

José Mari no fue el único asesinado por ETA. Sólo fue el primero. Murieron asesinados muchos más periodistas en Euskadi y en todo el mundo. Con su muerte empezó un tiempo de plomo y, ahora, ese plomo estalla como una fiebre enloquecida de muerte. Los atentados yihadistas están llenando de sangre el mundo. Ya no sabes cuándo ni cómo van a atacar, pero lo hacen. Alá no ama la vida y sus seguidores asesinan sin discriminación. Se suicidan para matar y dejan aquí el llanto, el dolor y la sinrazón de tantos muertos inocentes.

*Solsticio de verano

También hay quien ama el fuego sin celebrar sanjuanadas, las hogueras gozosas. Hombres –si es que esos son hombres- que quieren ver bosques ardiendo, bosques que tardarán años en crecer, casas en cenizas en las que nadie podrá volver a vivir, y bomberos antorcha muriendo entre gritos de dolor envueltos en fuego. Ha empezado el solsticio de verano y las fogatas de San Juan son reales monumentos al fuego.

No sabemos cómo fueron otros tiempos pero éstos que estamos viviendo son desesperantes. Es como si un humo diabólico circulara por el aire, el cielo azul se va lejos para llenarse de nubes negras. La tierra se está destrozando y la Humanidad se va deshumanizando en esta pegajosa oscuridad. Nos equivocamos mil veces y destrozamos sin ser conscientes nuestro trocito de vida.

¿Cómo fue antes?

Será que era todo tan

sencillo entonces

O el tiempo ha vuelto a escribir cada línea? Si

tuviéramos la oportunidad de 

hacerlo todo nuevo, 

¿Dime? ¿Lo haríamos?

Veo la fotografía de un bebé con chupete abrazado a un hermano de pocos años y a sus padres tan jóvenes…, Un adolescente, un estudiante, un niño, una anciana, y otra y otra más. Han muerto abrasados. 64 vidas perdidas con rostros que nos muestran tal como fueron. 64 en Portugal porque a un pirado le dio la gana de romper la felicidad. Fuego y fuego en innumerables bosques del mundo. Hasta los bomberos mueren calcinados por una mano criminal que provocó las llamas ¿A quién quería impresionar? El odio no disminuye con el fuego. Las torres gemelas y tantas torres, edificios, autobuses y coches que arden y seguirán ardiendo por una sinrazón. Dicen que hay un placer en la locura que sólo el loco conoce.

Al fin matar, asesinar “Cuando matas a alguien -decía Clint Eastwood en Sin Perdón– no sólo le quitas la vida que tiene, sino también la que podía llegar a tener”. Es duro entender a los dioses que nos rodean porque: “No podemos arrancar una hoja de nuestra vida –pensaba George Sand- pero podemos tirar todo el libro al fuego”. Luego, con el tiempo rescatamos del aire los recuerdos. Bárbara Streisand sigue cantando en mis oídos Tal como éramos:

¿Podríamos? –pregunta-

Los recuerdos deberían ser

bonitos pero,

Lo que era demasiado 

doloroso recordar

decidimos simplemente

olvidarlo.

Por lo tanto, las risas son

Lo que recordamos. 

Nuestra memoria es selectiva hasta para el dolor, pero tiene dentro una carpeta que no borra nada.

*Las piedras ya no hablan

En nuestra sociedad se repite mucho la palabra perdón y estoy comprobando lo difícil que es abstenerse, incluso en la peores circunstancias, de echarnos los unos a los otros en cara el no haber sido perfectos. Decía un poeta que nadie puede cambiar su pasado pero que todo el mundo puede contarlo al revés. Qué diría la reina Zenobia de Palmira, la reina de Saba, Alejandro Magno, los Magos de Oriente y los cruzados. Nada queda de su paso por Yemen y Siria. La bella Alepo y su mercado que olía a jabón y a especies, quemado y destrozado. Crac de los caballeros, el castillo donde vagaban los espectros de los cruzados. La Ciudadela, Patrimonio de la Humanidad, las norias de Hema que hacían cantar al agua cuando se movían, la hermosa Borsa, capital de imperio romano árabe, la gran mezquita de Alepo. ¡Pobre Siria, pobre Alepo!

Pobre mezquita de Samama en Irak, la más grande del mundo destruida, y los destrozados budas de Bamiyan en Afganistán –considerados por los talibanes monumentos a la idolatría-, la tumba de Jonás en Iraq con un diente de la ballena que le tragó. El museo de Arte islámico en Egipto, la mezquita de Al-Omari en la franja de Gaza, el viejo Beirut en el Líbano… Parece que alguien dejó abierto el candado de la historia y han entrado los chacales a destruir cada rincón de belleza.

No veremos nunca más a los que quisimos ni a los monumentos que nos hicieron un nudo en la garganta de emoción. Ya nada está. La Humanidad no piensa cuando asesina, quema y bombardea. Los hombres somos los mismos con el mismo poder destructivo –Hiroshima, Nagasaki- la violencia se repite. Mañana el periódico se abrirá con otra nueva tragedia. Casi hemos olvidado llorar, quizá porque estuvimos siempre en una continua llantina. Esta es nuestra vieja tragedia y Tal como somos.

“Sólo con una ardiente paciencia, escribía Neruda, conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en balde.”

¿Será posible?

Es 28 de junio, un día cualquiera para muchos lectores. Aunque el recuerdo me llene de melancolía diré, con el poeta chileno, puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribiré, por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos. El viento de la noche…

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