La paz cambia de nombre

Al fin, la economía – el poder- es la que rige la vida y condiciona la paz.

La crisis ha quitado protagonismo a la palabra paz. En nuestras prioridades ha pasado a segundo término, porque la paz implica bienestar y, ese preciado don, se nos ha escapado de las manos, resbalando como agua que no podemos recoger. Y, sin embargo, la paz es equilibrio, la paz es ausencia de violencia, la paz es una situación para poner fin a la guerra.

El momento económica nos ha robado todo. Mientras, el mundo gira con su ritmo cotidiano ajeno a los pensamientos de los que viven apretujados en su tierra y navegan por sus mares. Al fin, la economía – el poder- es la que rige la vida y condiciona la paz. Así de vulgar es la vida y así de vulgar ha llegado a ser la paz. Las palomas y los ramos de olivo son papel moneda. Un papel con peso de oro que hay que comprar con la misma sangre que se consigue la paz. Necesitamos un mago, un nuevo Midas, pero para poder escribir un cuento hay que buscar las palabras oportunas. Unas palabras que no llegan por el aire si no somos capaces de atraparlas como pompas de jabón sin romperlas. El rey hasta lo que amaba lo convertía en metal dorado. ¿Cómo podremos aprender a saber distinguir lo necesario de lo importante?

Hace falta tiempo. Recuerdo ahora al Presidente Rodríguez Zapatero cuando decía: “La paz necesita y merece un tiempo, necesita y merece prudencia, necesita y merece paciencia después de treinta años de terrorismo y violencia”

Tiempo. El terrorismo también  ha tenido que esperar el paso del tiempo. No podemos desanimarnos. ¿Quién le iba a decir al revolucionario noruego Var Vikernes –creador de Black Metal- que iba a cambiar?. Hace años decía: “El mundo necesita oscuridad porque el exceso de luz no nos ilumina ni nos abriga sino que nos ciega y nos abrasa”. ¡Qué incongruencia más real para los pesimistas! Y, sin embargo, el día 27 de este mes de mayo, publica un disco que se titula : “Al Este el Sol, Al Oeste la Luna”.

De noche y de día, siempre hay luz si se busca. Y si no, nos queda el futbol. Principio y fin de la vida humana. ¿Verdad que es cierto?

 

El equipo perfecto

La felicidad cotidiana ahora está en un estadio. Ni crisis ni historias.

La vida es como un partido de futbol. Dos equipos en medio de un campo verde. Un estadio dividido por la mitad. Un grupo indeterminado de espectadores indiferentes.

Los únicos que ven la realidad son los indiferentes. Son los mismos que han asistido a los partidos, desde casa o desde el campo, y siguen impasibles el desarrollo de la temporada de los equipos.

El equipo que juega en el momento que se retrasmite el partido es genial. Genial porque en los dos últimos encuentros ha barrido a golazos al contrario.

Empieza el juego. A los dos minutos el equipo contrario mete un gol estupendo al genial de turno

La culpa es del portero que estaba distraído.

Diez minutos más tarde, otro gol.

Era sin duda falta. Son unos sinvergüenzas y no respetan la educación en el campo. El arbitro es claramente inepto.

A los 40 minutos un nuevo gol.

Es que ya lo decía yo, son un desastre. Se les veía venir. No saben jugar, esta temporada están francamente mal, los últimos partidos fue suerte, solo suerte, porque ya no es lo que era.

Una falta, y dos y tres. Y pierden.

 

Pero la semana siguiente la situación ha cambiado. Un gol en los primeros diez minutos marca la transformación.

Es que somos los mejores.

Sigue un gol del contrario.

Estaba despistado, es que no puede ser, lo que hay que hacer es sacar del banquillo a fulano.

Otro gol.

¡Pero en qué piensa el entrenador!

Con esta gente no vamos a ningún sitio.

Otro gol.

Un desastre. El equipo es un desastre. No levanta cabeza. Ya lo decía yo…

 

El mal gusto de pagar

La crisis también ha quitado las buenas costumbres de la buena gente. No vamos a ningún sitio si tenemos la mala educación de pagar.

Pagar deudas, es una falta de respeto. La sociedad nos enseña que cuanto mas se debe, menos se paga, y, esta costumbre desafortunada, está pasando a todos los estamentos de la sociedad. Además, el deudor se convierte en un gran tipo por no doblegarse ante la sociedad corrupta. Si el Sr. Urdangarin debe –o ha estafado- tantos millones, usted que debe un millar o dos o quizás tres, pues no paga tampoco. Claro que al que usted debe puede ser el abogado que le llevó un caso sin importancia –total a él no le cuesta nada-, el frutero – ya le pagaré el mes que viene-, a la pescadera –lo abonaré cuando me paguen-, el vestido que se quedó, y ya-pasaré-a- pagar, el pintor que le empapeló la habitación, el hojalatero que le reparó el grifo de la cocina…

Estas desafortunadas normas -de no pagar tampoco- el Gobierno suele suplirlas con desconcertante ocurrencias. La última es tan rocambolesca que por sorpresiva ni se ha comentado. El Estado ha decidido nombrar, a las aproximadamente ochocientas victimas del terrorismo, ilustres. Este título de honorabilidad es una tomadura de pelo, teniendo en cuenta que a esas victimas se les debe importantes cantidades de dinero por ley. Claro que en este momento pagar lo que se debe no es motivo de publicidad y utilitarismo de las víctimas. Porque si se paga lo que se debe no es vendible. ¡Fíjate como se gasta el dinero el Estado! Mientras, con normalidad se aceptan otros dispendios naturales. Por ejemplo, ¿usted ha pensado, por un casual, en los modelos que lucen los representantes de la corona- reinas, infantas, princesas, nueras, hijos, nietos…- en sus apariciones públicas? ¿Sabe que lo normal es no repetir modelo? (Si esto ocurre se considera un acto de humildad digno de destacar  por sencillez ahorradora) ¿Se imagina lo que cuesta un vestido de diseño de Alta Costura o mediana costura con nombre de modisto? Mejor que no busque en internet. Con dos de esos trapitos no llega usted al sueldo anual.

Esto en realidad es calderilla  Una calderilla que le encantaría recoger a los seis millones de parados que ni pueden comprarse las revistas del corazón que cuentan estas delicias.

Más serio es construir aeropuertos sin pasajeros, casas de cultura sin cultura y agujeros municipales y nacionales como volcanes. ¡Total es dinero público!

Paz. Crisis. Corrupción. Justicia. Economía…Calderilla. Al fin, crisis de valores.

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