La eutanasia: promesa cumplida

La eutanasia, y el feminismo -dentro de sus múltiples variaciones- han entrado en campaña. Cada partido dirá “yo más” o “yo menos”, defiendo esos principios fundamentales de la vida y de la muerte. La triste actualidad mediática, ha llenado los informativos de lagrimas, dolor y también, incomprensión, llevando a los primeros puestos de las ofertas -o desofertas- políticas frente a estos dos problemas tan vitales. Ya no importa si en los preámbulos -antes de  la actuación de un candidato- el orador presentador confunda el nombre del líder y le llame Pedro o Pablo, cuando al fin su nombre se le ha olvidado por la precipitación; tampoco importa que un candidato ira a Getxo, si está en Guipúzcoa y no en Vizcaya; incluso se pasara por alto que Albert Rivera -con lo que hubiera gustado esta noticia del corazón- no confiese que esta coqueteando con Malú. Los políticos, aunque estén enamorados de las estrellas, no suelen hacen ruedas de prensa sentimentales. Ahora, en campaña, entran nuevos ingredientes, como en otro tiempo el protagonismo se lo llevó el terrorismo. El debate del 2019, es el derecho a la muerte y el trato digno a la mujer, la otra violencia de genero. Mientras se abre la campaña, con muerte digna o derecho a la vida indigno, violencia de genero o feminismo -al fin los términos se confunden en el barullo de las palabras a gritos de los mítines-, la verdad, la cruda verdad de la realidad, sigue defendiendo sus principios como un dragón herido. Urge sacar del código penal la eutanasia. El 84 % de los españoles se declara a favor de...

Las otras manadas de la India

Mujer, no eres sólo obra de Dios; los hombres te están creando eternamente con la hermosura de sus corazones, y sus ansias han vestido de gloria tu juventud. Por ti labra el poeta su tela de oro imaginario; el pintor regala a tu forma, día tras día, nueva inmortalidad. Por adornarte, por vestirte, para hacerte más preciosa, el mar da sus perlas, la tierra su oro, su flor los jardines del estío. Mujer, eres mitad mujer y mitad sueño. Crecí envuelta en los versos de Tagore. Creo que me dediqué a escribir porque sus palabras llenaron mi mundo de sueños. Con esos sueños he imaginado la India como un país de sedas, colores ajorcas y lunas. Mi asignatura pendiente era viajar a la tierra de mi poeta favorito. Pero recientemente me he enterado que hay abundancia de manadas en esa tierra. Las manadas de la India son distintas de las de aquí, pero también manadas perversas. Una mujer –lo habrá leído en mil novelas y reportajes- tiene la obligación de casarse con el hombre elegido por su familia. Una familia que puede vender con toda tranquilidad a su hija de 10 años a un señor de 60 para su disfrute. Si la mujer rechaza al marido –ya es suya- puede violarla y puede permitir que la violen sus amigos en grupo. Estas manadas “legales” convierten a las mujeres en trabajadoras del campo y de la casa y en esclavas sexuales. Yo desconocía las manadas de violación en grupo. Las sedas hindús no brillan con el fulgor que mi imaginación adolescente creía. ¿Dónde está mi Tagore que pensaba: mujer, eres...

Para que te aprecien necesitas hacer mucho… para que te desprecien basta un error

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Sigo extrañándome cuando en el espejo me mira una mujer que no conozco.

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