Ahora no jugar con bombas

Pues, verá, creía que definitivamente la violencia se había ido en el silencio del olvido. Cuando ETA dejó las armas, tomamos champán, reímos, descansamos y fuimos felices. La paz nos rodeó, como una novia, con su tul blanco, y una amplia sonrisa iluminó el cielo y la tierra de Euskadi. En nuestra tierra, el separatismo se vivió – y se vive- puertas a dentro de las casas y de las calles. Siempre fue un sentimiento secreto que los recios vascos no quisieron mezclar con la violencia, no era -ni es- una acción vergonzosa. Cataluña, hermana en mil historias semejantes, ha sorprendido, como una loba perdida en tierra de nadie. Cierto que no veo bien que políticos catalanes estén encarcelados mientras su líder pasea su melena por Europa, viviendo en una especie de castillo napoleónico que suena a derrota. Puigdemont insiste en ser un líder del exilio. Un exiliado vergonzoso, porque si hubiera sido un catalán valiente estaría con sus compañeros en la cárcel. Este es otro cuento. Para los empresarios separatistas “Puigdemont huyó para evitar que le lincharan los suyos por traidor”. Y de pronto, cuando hay una espera anhelante para los encarcelados -una sentencia que dibuja muchos interrogantes- unos insensatos quieren imponer su violencia particular para revindicar -revindicar qué- este preámbulo ingrato de la inocencia de los procesados. No sé lo que vuela dentro de la cabeza de algunos catalanes que se aferran a posturas absurdas, revindicando libertades. El pasado lunes la Audiencia Nacional detuvo, acusados de terrorismo y tenencia de explosivos, a nueve miembros de los Comités de Defensa de la Republica (CDR). Para el presidente de...

La eutanasia: promesa cumplida

La eutanasia, y el feminismo -dentro de sus múltiples variaciones- han entrado en campaña. Cada partido dirá “yo más” o “yo menos”, defiendo esos principios fundamentales de la vida y de la muerte. La triste actualidad mediática, ha llenado los informativos de lagrimas, dolor y también, incomprensión, llevando a los primeros puestos de las ofertas -o desofertas- políticas frente a estos dos problemas tan vitales. Ya no importa si en los preámbulos -antes de  la actuación de un candidato- el orador presentador confunda el nombre del líder y le llame Pedro o Pablo, cuando al fin su nombre se le ha olvidado por la precipitación; tampoco importa que un candidato ira a Getxo, si está en Guipúzcoa y no en Vizcaya; incluso se pasara por alto que Albert Rivera -con lo que hubiera gustado esta noticia del corazón- no confiese que esta coqueteando con Malú. Los políticos, aunque estén enamorados de las estrellas, no suelen hacen ruedas de prensa sentimentales. Ahora, en campaña, entran nuevos ingredientes, como en otro tiempo el protagonismo se lo llevó el terrorismo. El debate del 2019, es el derecho a la muerte y el trato digno a la mujer, la otra violencia de genero. Mientras se abre la campaña, con muerte digna o derecho a la vida indigno, violencia de genero o feminismo -al fin los términos se confunden en el barullo de las palabras a gritos de los mítines-, la verdad, la cruda verdad de la realidad, sigue defendiendo sus principios como un dragón herido. Urge sacar del código penal la eutanasia. El 84 % de los españoles se declara a favor de...

A las cruzadas por la unidad

La manifestación del domingo cambió, a última hora, los slogans contra los catalanes por “Elecciones ya” y “Stop a Sánchez”. Pablo Casado, como un Don Pelayo trasnochado, hablaba a la muchedumbre, con lenguaje heroico: “Hoy empieza la reconquista del corazón que ha dicho basta”. Albert Rivera gritaba que “el tiempo se ha acabado” y Abascal que hay que “echar al okupa Pedro Sánchez de la Moncloa”. Las banderas nacionales desfilaron por Madrid, acompañadas de enseñas de la guardia civil y de los tercios de Flandes. Mientras la delirante marcha pedía la detención de Quin Torra y el adelanto de las elecciones, el presidente del gobierno, a la misma hora, manifestaba en Santander: “El gobierno trabaja para unir a los españoles y no para separarlos”. Creo que estamos al borde de una cruzada. ¿Qué se puede hacer? Si usted puede con Dios hablar… -la canción sigue de música de fondo- pregúntele, de paso por favor, qué haría en este país complicado o tan terriblemente simple. Seguro que le respondería que es la cuestión de siempre: el poder. Nada más que el poder. El Partido Popular quiere el poder y ha decidido que le gusta insultar. Ciudadanos, más sumiso, quiere el poder, Vox quiere el poder sin más zarandajas y ha encontrado la insólita formula de humillar a la mujer. El presidente Pedro Sánchez no quiere, por nada del mundo, bajarse del sillón de mando. Todos gritan a la vez y han decidido que, el problema no es de ellos, ni de su deseo de arrastrarse hasta la Moncloa. No, nada eso, para la derecha el problema son los catalanes. Ellos,...

Con el simple roce de un puñado de deseos vulgares puede romperse la más bella cristalería de deseos heroicos.

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No hacen falta nombres para ver los rostros.

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