¿De qué piel es su chamarra?

¿De qué piel es su chamarra?

TENEMOS UN CHIP DISTORSIONADO. SIEMPRE SE FABRICARON GUANTES DE BECERRO, ABRIGOS DE PIEL DE CORDERO, CHAMARRAS FINAS DE CUERO, ZAPATOS, Y NO NOS PREGUNTAMOS A QUÉ ANIMAL PERTENECIÓ. TENEMOS UN CHIP DISTORSIONADO. NO LLORAMOS CUANDO NOS SIRVEN UN CHULETÓN NI HACEMOS UNA TRAGEDIA ANTE UN COCHINILLO ASADO Agentes de la Policía Nacional en colaboración de la Policía Municipal de Madrid y el servicio CIES (Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de Fauna y Flora silvestre) encontraron en una finca de la Moraleja una extraña colección con 49 animales disecados (osos, linces, leopardos, cocodrilos y primates). Además, cuatro colmillos de elefante, cuatro colmillos de hipopótamo, dos cuernos de rinoceronte y 132 piezas talladas en marfil. Vivían en la selva ¿Cuál es el objeto del propietario de tener en su casa animales valiosos, algunos protegidos, para evitar su extinción? Ignoro el placer que sentía viendo la quietud eterna de las fieras exóticas –aparentemente vivas– que le miraban con ojos de cristal. Crueldad, solo crueldad. Este suceso me ha llevado a recordar la despedida de mi madre de este mundo. Los siete hermanos nos quedamos desolados. Nunca estamos preparados para ser huérfanos. Vagábamos por la casa vacía valorando con respeto los objetos que durante su vida habían convivido con el amor de mis padres, el más puro que he conocido. Éramos como siete niños huérfanos de padre y madre que nos habíamos quedado abandonados, sin ser conscientes de lo cobijados que estuvimos mientras vivían. Los chicos se ocuparon de seleccionar muebles, cuadros, figuras y las tres hermanas entramos en la habitación de mamá. Todo estaba ordenado. Empezamos por los cajones....
El bautismo de Carola

El bautismo de Carola

El número de bautizos en Euskadi, en el resto del país igual, ha disminuido. La Iglesia va perdiendo clientela por su falta de adaptación al mundo moderno. Homilías largas y llenas de moralina rancia alejan a la gente joven de tantos ritos ancestrales que necesitan una reforma. Pienso que, siendo creyente, el bautismo, la entrada de un niño en la Iglesia, merece una gran celebración. Nuestra familia ha festejado este día grande. Con poco más de un año, mi nieta Carola, la semana pasada, ha recibido el bautismo, en la iglesia de Santa María de Portugalete. La luz, temblorosa, de una vela en las manos de los padrinos, me hizo reflexionar. Iluminar a los niños desde la infancia es un camino difícil. Ser luz en un mundo de nubes es un camino lento. Carola es una niña alegre con la mitad de la sangre sevillana y la otra mitad vasca. La familia mirábamos a nuestra palomita blanca –con su vestido casi perfecto hasta el final del sacramento–, pensando en la intimidad lo que le regalaríamos si fuésemos hadas. Cerré los ojos y me imaginé que mi varita mágica rozaba los papitos de mi niña: serás generosa, serás alegre, tendrás fuerza para afrontar los problemas con sonrisas y, sobre todo, serás libre. Libre como tu madre que se vino de Sevilla por amor, libre como tu padre que es capaz de defender sus principios, aunque sus decisiones impliquen incomprensión. Carola pasaba de brazo en brazo. Como todos los niños, no para quieta. No era consciente, posiblemente igual que una mayoría de las personas, que había entrado en la comunidad de...
Tiene usted razón

Tiene usted razón

Por teléfono no se pueden recetar ansiolíticos sin ver ni escuchar al paciente. Antes la atención personal del médico de familia prevenía muchas enfermedades mentales, porque los doctores remitían a sus enfermos a los psiquiatras o a los psicólogos El Dr. Antonio Pérez se dio cuenta de que se había equivocado de profesión cuando comprobó que sentía lo mismo que contaban sus pacientes. «Tiene usted razón», se convirtió en el mantra que repetía cada media hora. A él le pasaba lo mismo. No tenía ganas de hacer nada, quería quedarse en la cama todo el día, el mundo se le caía encima y no sabía darse consejos a sí mismo. El desconcierto fue en aumento cuando la siguiente paciente, con un chiguagua en la mano, le aseguró que se había reencarnado en su perrito y, le cuidaba tanto, que había dejado de comer ella para alimentar a su criatura. Volvió a oír la pregunta: ¿qué le parece, doctor? «Qué usted tiene toda la razón del mundo, hasta el chucho es su viva imagen». Al final del día tuvo una sensación de placidez porque todos sus enfermos salían con una serena sonrisa. Oían lo que querían oír, aunque él se quedaba en sus cuatros paredes con el perro de la señora, las páginas en blanco de un escritor sin ideas y los lienzos del pintor que había olvidado los colores. El Dr. Pérez, como muchos médicos de antes, escuchaba hasta las más rocambolescas enfermedades, a veces, imaginarias, pero, normalmente desarreglos del cuerpo humano que sus pacientes venían a consultarle. El Dr. Pérez tuvo que ir a un psiquiatra, porque pensó...

Adiós a las armas

Luego, después de muertos, les llamamos héroes. Nosotros hubiéramos preferido jóvenes que se hicieran hombres en sus hogares y esposas enamoradas. No queríamos niños huérfanos y viudas con medallas. Euskadi fue culpable de muchos delitos. Me duele inmensamente decirlo, pero negarlo hubiera sido falso. Alguien muy sabio decía que ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo y el silencio ha sido incoherente, negro, sin valentía. Los responsables políticos raramente han condenado contundentemente la violencia de ETA. Esos chicos, ¡qué vamos a hacer con estos chicos! Han tenido que pasar muchos años para que haya una valiente declaración de rechazo. Después ha sido más fácil el perdón público a las víctimas. Hace diez años me emborraché con champán –cava como se dice correctamente si la botella no es francesa–. Estaba ebria de felicidad: ETA abandonaba las armas. Ante los criminales hay que tomar partido, pero nunca, hasta estos últimos años, algunas formaciones políticas de esta tierra han hecho nada para que ETA desaparezca. Las víctimas de ETA han servido para conseguir más votos, eran manejadas como muñecos de guiñol. Utilizadas en campañas electorales, mientras la organización terrorista se ponía temporalmente una piel de cordero. Se olvidan los casi mil asesinatos. Gracias a Dios, no a los hombres, la cordura llegó a unos violentos que querían dejar de serlo porque habían apuntado directamente a los ojos de inocentes. Fueron los demonios particulares que confundieron la paz con falsos derechos humanos –¡algo habrá hecho!–, ya las palabras nos sobran. No me voy a volver a emborrachar, pero, sí tomaré una copa por la persona –alguien anónimo, sin...

Descansar antes de estar cansado

Tengo tres relojes. Los tres se han quedado sin pila y no funcionan. Las pilas son un poco especiales y no se pueden poner en cualquier relojería. Así, con esta disculpa, he ido perdiendo las horas con el mañana que iba a llevar los relojes. Como son bonitos, durante estos días, me los he puesto de adorno, pero ayer fue trágico. Fiándome del móvil, puse una hora –7.45– para despertar y me equivoqué con otra hora. Tenía que haber marcado 6.45. Llegué tarde a un acto cultural y me sentí profundamente avergonzada porque no tuve tiempo ni de elegir la ropa apropiada, maquillarme y peinarme bien. El resultado fue nefasto. Había quedado a la puerta del teatro con mis amigas y, cansadas de esperar, entraron tarde en la sala y preocupadas, porque no sabían qué me había pasado. Además, me encontré a gente que no había visto hace años. Por supuesto, fui de cabeza por mi falta de cabeza. Como una luz en pleno día, he descubierto la razón; estoy dentro de una inmensa torre de pereza que me oculta la realidad. Llevo un tiempo diciendo lo que voy a hacer, los proyectos que tengo y a los compañeros que mañana voy a llamar. También he observado –me he observado– que se me ocurre iniciar historias por la noche. Y siempre tengo una vocecita interior con cara de diablillo que me dice: cierra el ordenador y descansa si no mañana no podrás hacer nada. Y me creo esta supuesta obligación y, «justificada», me voy a la camita tan tranquila. Mañana. Mañana es la palabra de oro. Todo lo haremos...