Un “pongo”, Aznar

Y…¿dónde ponemos a José María Aznar?

Seguro que a usted le han regalado un “pongo”. Un “pongo” no tan escandaloso como una Virgen de Lourdes, un ramo de flores de plástico, cuadros con ciervos o ceniceros de recuerdo en Benidorm… Hay pongos más sofisticados y de difícil catalogación: una bailarina de ballet de porcelana, un jarrón chino, un reloj que da vueltas con la luz, una ensaladera de alpaca, un cuadro de flores, un cojín de petit point, una caja de cuero para guardar pulseras, un juego de café con borde dorado, un termómetro con apariencia de antigüedad, un ajedrez de marfilina, un marco de fotos de filigranas… En sus manos ha recibido sin duda estas joyas en bodas, cumpleaños, viajes y aniversarios. Y usted, después haber abierto el paquete, con suma educación y elogios al donante, cuando se ha quedado solo en su intimidad, ha dicho: “¿… y dónde lo pongo?”. Da vueltas por la casa intentando ubicar el objeto imposible y al fin lo guarda en lo alto de un armario. Cuando visita su casa el autor del “pongo”, ha de recordar sacar del baúl de las ausencias su obsequio y colocarlo ostensiblemente en la balda más visible de su sala de estar. Es muy importante volverlo a guardar para evitar que un decorador visite de improviso su hogar y, nada más entrar, se desmaye ante la escultura modernista, el pájaro tropical o el búho con plumas de colores que usted olvidó esconder de nuevo.

En el panorama político tenemos muchos “pongos”. Tantos que no hay armario capaz de almacenar tanta horterada. Y…¿dónde ponemos a José María Aznar?

“…y después hubo un silencio largo, como de muchos días y se abrió el Séptimo Sello”. No tenemos película de Ingmar Bergman sino folletón latinoamericano protagonizado por el “astro silencioso” del panorama nacional. Este señor, al que le encanta aparecer en público y criticar a los compañeros de partido, ha desaparecido del globo terráqueo para convertirse en un “droner”. Nadie sabe dónde está, pero atacará con impunidad y, con la misma impunidad, se evaporará en el anonimato temporal. Jugará a pilotar el avión sin piloto, agrediendo sin que nadie sepa quién ha sido. Mientras, el sol marbellí le cobijará con sus rayos tapando la inmundicia que él ha provocado. Porque nadie dice que José María Aznar fue Presidente gracias  a las financiaciones ilegales de Bárcenas (en honor a la verdad, casi todos los partidos políticos se financian ilegalmente). Nos hicieron creer –a quien quiso dejarse engañar- que el candidato era atractivo como un Kennedy y sagaz político como Lincoln. Bien llevada una campaña publicitaria –con miles y miles de euros- puede trasformar a un señor mediocre (de cualquier ideología) en un superhombre capaz de comerse el mundo por su patria. Eso, ante todo.

La verdad es que este señor sabe mucho de si mismo para ocultar su personalidad en este momento tormentoso. Ha sabido que su nombre, el primero en una lista de su partido donde era presidente, tenía que desaparecer y volatilizarse en el aire de la nada. ¿Cómo es posible ese milagro de prestidigitación? ¿Quién le ha enseñado trucos de ilusionismo? Houdini, el mago de Lublin, a su lado era un vulgar comediante de feria. Destronado de su trono mira con indiferencia y con torcida sonrisa al Gobierno y a sus súbditos. Aznar está por encima de toda suciedad. Es puro como los ángeles y etéreo como el aire. Ha pasado por el PP, como la misma maternidad de la Virgen, sin romperlo ni mancharlo.  Sin embargo, el suelo que pisa está cimentado de nombres –nombres que caminan por los juzgados y desgranan corrupciones- y las paredes pintadas con el dinero ilícito que protegió los filtros necesarios para convertirse en legal. Rajoy y Bárcenas son algunos de los retazos que ha dejado por el sendero de gloria Don José María Aznar. Este halcón maltes, que no se inmuta por lo que ocurre a su alrededor, pasará a la historia como el impasible. El rostro impenetrable que introdujo en España la táctica de inhibirse de los problemas con cinismo.

Así es la vida. Siempre hay alguien detrás con impunidad. La casualidad dicen que no existe, pero ya tiene gracia que este suceso nacional -de ámbito internacional- haya superado con éxito el anterior protagonismo de la infanta y su esposo Urdangarín. Unas noticias se comen a otras y así crece la incertidumbre. El presente convierte en agua pasada las noticias de ayer.  Sólo recuerda quien tiene la memoria delicada y frágil –entendiendo la fragilidad por sensibilidad- y sin vacíos legales.

Leer la prensa se ha convertido en una conmovedora novela por entregas. Ríase usted de El Caso. A mi hijo pequeño, Dani, le contaba cómo era aquel periódico amarillo lleno de sucesos escandalosos. Había lectores que no compraban la prensa diaria, pero nunca olvidaban el sensacionalismo de El Caso. Todos debemos de tener en el fondo del corazón algo de ladrones, ambiguos y perversos. Las estadísticas siguen sumando a favor de los programas cutres y publicaciones sensacionalistas donde se vende la intimidad y la moralidad por un puñado de euros. El mundo no está loco, somos nosotros los que estamos cambiando la piel de la tierra sin delicadeza.

Debo confesarles, un poco avergonzada, que recibo el nuevo día esperando novedades. ¿Qué pasará hoy? Cada jornada es un susto informativo. Creo que no nos puede sorprender nada. Hasta es posible que la princesita Leonor se convierta en Reina de España en otoño, y Belén Esteban en Presidenta de Gobierno. El más difícil todavía es la posibilidad cotidiana. Por supuesto, además de mi ingenua sorpresa sin importancia, la que estará feliz frotándose las manos es Esperanza Aguirre. Ella con José María Aznar son el matrimonio de ideales del panorama nacional. Los dos quieren “volver” sin haberse ido. La señora Aguirre dijo que dejaba la política para cuidar a sus nietos y Aznar por imperativo legal, él no quería dejar la Moncloa. Cuando ganó las elecciones Mariano Rajoy tuvieron que sostenerle el brazo para que no se desmayara de rabia. Ahora levanta los dos con el triunfo del perdedor. La vida…

Después de este ardiente verano nos anunciarán, como cada año, un otoño caliente. Quizás el estío –el de calendario a penas lo hemos conocido- empiece en septiembre. Volveremos al cole, igual que muchos niños, con los deberes de vacaciones sin hacer pero con cartera nueva llena de cuadernos en blanco, lapiceros afilados y libros sin estrenar. Aunque falta mucho hasta entonces. Aún no hemos arrancado la hoja de julio y nos queda el mes de agosto en blanco. Mientras, les propongo que piensen una solución ¿Qué hacemos con el “pongo” de Aznar?

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