Un cartel de fiestas sin Mari Jaia

En el bolsillo del hábito Son Valentina llevaba siempre a la Santa. En un programa de fiestas de mano, muy dobladito, guardaba la imagen de Mari Jaia. Y se la llevó a su país hace algunos años, convencida fervorosamente de que ella era la santa de Bilbao. Este año su imaginaria deidad, no está en ningún anuncio festivo, Me pregunto si se ha iniciado un cambio de los símbolos en la villa. Suena una campana mientras leo el periódico. En una página se anuncia el programa de las próximas fiestas de la Aste Nagusia. Sonrío recordando el Día Grande de hace unos años –no tantos- de Valentina –en la vida religiosa Sor Valentina- quien llegó a Bilbao hace un tiempo en un día de junio. Llovía y echaba en falta el sol de Uruguay. La madre general la trasladó a Bilbao, aunque era novicia, para que conociera un poco de mundo. Era muy ingenua cuando voló por primera vez en el avión. Vio tantas nubes que pensó en la posibilidad de encontrar un angelito sentado en aquel algodón blanco y azul. La maestra de novicias estaba un poco –o más bien un mucho- preocupada porque Valentina adelantaba muy lentamente en su adaptación conventual. Una mañana de agosto le llamó a su despacho: -Hermana, he pensado que hoy que es el día grande de Bilbao va a salir a hacer algún recadito y así ve el ambiente. Quiero que traiga unos caramelos de Santiaguito para que se cure la tos de Sor Inés. Sor Valentina aún sabía muy poco de la villa, fue bajando por Hurtado de Amezaga. Le encantaban...

En 1900, cuando Bilbao entraba en el siglo XX murió Rafaela Ibarra, un día como hoy, 23 de febrero. La villa no era consciente de que en el cementerio de Mallona se había enterrado a una santa.

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Desde que te has ido, he empezado a hablarte con los ojos nublados por la pena y la sensación cierta de que sigues en cada calle de Bilbao.

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